‘Thelma’: un drama con tintes sobrenaturales

Thelma-251045145-largeThelma
Joachim Trier (Noruega, 2017)
Eili Harboe, Ellen Dorrit Petersen, Okay Kaya
Fecha de estreno: 23 de marzo

3 StarsThelma es, aparentemente, una joven normal. Una estudiante, tímida, cohibida, eso sí, pero, a simple vista, normal. Al menos, hasta el momento en el que intuimos que su timidez proviene de una estricta formación religiosa inculcada desde nacimiento en su propia casa. Al menos, hasta el momento en el que descubrimos que posee poderes sobrenaturales y es capaz de conseguir que algo suceda solo con imaginarlo. De lo primero intentará sobreponerse cuando se enamora de otra chica y comienza a salir, a beber alcohol o a fumar marihuana. De lo segundo no es tan sencillo escapar.

Thelma siente terror ante las investidas de tales poderes, que apenas controla. Y Trier acerca lo que parecía un típico drama en una batalla psicológica de la protagonista y el espectador, que parece toparse de pronto con una película de eso, de terror. Descubrimos al mismo tiempo que lo hace Thelma hasta dónde llega su capacidad para destruir todo lo que quiere lejos de sí. La película lo  hace a su ritmo. Lento, pausado, con tiempo para degustarlo, para digerirlo. Dejando que lo sobrenatural de la trama se funda, a fuego lento, con lo realista de la historia. Cohibida joven convertida en fanática religiosa por sus padres que, eso sí, lo olvidaba (parece decir el director) tiene poderes sobrenaturales.

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La virtud está en los detalles. En cada gesto de las protagonistas, en cada mirada, en cada segundo en el que se nos muestran los desvaríos de la propia Thelma, quien por momentos confunde realidad e imaginación. Thelma es un trabajo modesto. Sin grandes pretensiones. Y es ahí donde se hace fuerte. En la intimidad y simpleza de cada una de sus escenas, de cada parco diálogo. Con su pausado ritmo descubrimos los miedos de (casi) cualquier joven que no comprende a sus padres, que se enamora por primera vez, que, en definitva, descubre el mundo que se le presenta lejos del amparo de las cuatro paredes de la vivienda familiar. Sin represión, sin miedo a la culpa o al pecado. Sin miedo a ser castigado.

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